Consideración de los hidratos de carbono como sustrato energético preponderante en el entrenamiento para el diseño de un plan de alimentación. 

Uno de los retos en nutrición es aprender la ciencia del cálculo de los requerimientos energéticos para creación de un plan de alimentación. Por un lado, es ciencia, ya que para la elaboración de estos planes se debe contar con sólidas bases científicas.

 ¨Es necesario que estos conceptos se analicen y apliquen mediante un sistema de cálculo bien organizado y estructurado, que se fundamente el tratamiento dietético planeado, ya que la nutrición, como todas las ciencias de la salud, no es exacta¨

Calcular la ingesta calórica adecuada no es sólo el simple hecho de cubrir cantidades de nutrimentos, es cierto que se aplican las matemáticas para obtener un cálculo dietético preciso, aunque la decisión de cómo se calcula depende de las necesidades de cada atleta, además de sus características psico-sociales, culturales y económicas; es necesario considerar diferentes aspectos y/o estados fisiológicos, como son el equilibrio entre los nutrimentos, qué vía energética será utilizada en el entrenamiento, características nutricionales de los macro-nutrientes en el aporte de energía durante la sesión de entrenamiento, así como la preponderancia de los hidratos de carbono como fuente de energía durante el esfuerzo físico.

De este modo, se puede pretender garantizar el logro del objetivo o bien entender que la decisión que se tome desde la prescripción del plan de alimentación hasta la programación de un plan de entrenamiento afectará el rumbo del atleta hacia la mejora de la forma física, el rendimiento deportivo o bien hasta el logro en la mejora de la calidad de vida.

Gasto energético basal (metabolismo basal (MB), índice metabólico basal o tasa metabólica basal) se podría definir como el nivel mínimo de energía que requiere un cuerpo para mantener las funciones corporales vitales, así como para realizar trabajo físico. 

Este depende de la edad, género y composición corporal, fundamentalmente de la masa magra ya que el tejido graso tiene menos actividad metabólica. En la práctica de alguna disciplina deportiva o ejercicio se ocasiona un incremento del gasto energético basal. Es el componente más variable del gasto energético, puede representar del 15 al 40% del gasto calórico total y en algunos deportistas puede llegar a superar ampliamente el GEB. El coste energético depende del tipo, frecuencia, intensidad y duración, pero también depende del grado de preparación y rendimiento deportivo del individuo y, de forma muy importante, del tamaño corporal.

El aporte de energía se obtiene a partir de la ingesta de alimentos y los diferentes nutrimentos que los componen glucosa, ácidos grasos y los aminoácidos. Para poder considerarse como nutrimentos, estas sustancias tienen que transportarse hacia el interior de las células y participar en las reacciones metabólicas del organismo, ya sea con fines estructurales (como el calcio en los huesos), energéticos (como la glucosa para formar moléculas de ATP), o reguladoras (como las vitaminas que actúan al controlar la actividad de ciertas enzimas). Los nutrimentos energéticos tienen en común en su estructura química que están formados carbono, hidrógeno y oxígeno, moléculas que tienen la capacidad de ser oxidadas en su totalidad en las células hasta convertirlos en bióxido de carbono (CO2) y agua (H2O), produciendo moléculas de alta energía como el ATP (trifosfato de adenosina), que las células utilizan como combustible para llevar a cabo sus funciones.

Esto se ve regulado por la termogénesis postprandial, que representa la producción de calor a partir de la ingestión de alimentos (masticación, movimientos peristálticos), su digestión y absorción (secreción de jugos digestivos, hidrólisis enzimáticas, fermentación de residuos, etc.), y posterior metabolización de los nutrientes. Depende principalmente de la cantidad y tipo de alimentos ingeridos, siendo mayor para las proteínas que para los hidratos de carbono y lípidos a igualdad de contenido energético; una comida mixta que contiene hidratos de carbono, lípidos y proteínas, los valores de glucosa en sangre (glucemia) se elevan (hiperglucemia) proporcionalmente a la cantidad y tipo de hidratos de carbono ingeridos, pero también ante la presencia de otros constituyentes de la dieta que puedan modificar la velocidad de absorción de los hidratos de carbono. Además podría depender también de las condiciones fisiológicas del individuo, especialmente de su balance energético, ya que la respuesta termogénica está relacionada con la complejidad de las vías metabólicas utilizadas por los sustratos ingeridos. Así, el coste energético de incorporar una molécula de glucosa al glucógeno es mucho menor que si se utiliza esta glucosa para generar un triglicérido.

La primera ley de la termodinámica instaura que toda forma de energía tiene la capacidad de transformarse cuando la situación lo requiera en otra forma, por lo tanto, es la capacidad de cada individuo para utilizar de forma efectiva y rápida esa energía química y transformarla en mecánica de movimiento.

Se ha investigado de forma amplia a los hidratos de carbono como principal fuente de energía, y en la presente investigación hablaremos de ello desde su preponderancia en el entrenamiento y punto de vista de la nutrición para el deportista, para la creación de un plan de alimentación; Ya que si bien es sabido estos desempeñan determinadas funciones relacionadas con el metabolismo de la energía y el desempeño físico, además de contribuir directamente a la producción energética, desarrollan un rol regulador en la utilización de los otros sustratos energéticos, como los lípidos, pues  la disponibilidad de los hidratos de carbono durante el ejercicio ayudaría en la regulación de la movilización de grasas desde el tejido adiposo; este comportamiento variará, principalmente, de acuerdo a la intensidad del ejercicio realizado, la duración de este, el nivel de aptitud física del sujeto que ejercita, de su estado y forma en la que este estructurado su plan nutricional, ya que parecer la ingesta previa (pre-entrenamiento) de hidratos de carbono reduce el estrés del ejercicio, lo cual provoca una reducida respuesta de las hormonas del estrés, con la consiguiente una disminución de la lipolisis y de su efecto inhibidor sobre la liberación de insulina, lo cual, a su vez, podría inducir efectos inhibidores sobre la liberación de ácidos grasos desde los adipositos.

De la misma forma en la conservación de las proteínas, en condiciones normales desempeñan funciones determinantes (mantenimiento, reparación y crecimiento de los diferentes tejidos). Sin embargo durante el ejercicio bajo condiciones de depleción y agotamiento de las reservas de glucógeno se desencadena la síntesis de glucosa a partir de las proteínas (aminoácidos glucogénicos), lo cual podría tener un impacto negativo para el crecimiento muscular y el desarrollo de fuerza, además de ser una carga considerable de nitrógeno que se debe eliminar como producto del catabolismo de proteínas. 

Siendo que a medida que el ejercicio continúa, la glucosa sanguínea incrementa su contribución como combustible metabólico; y el glucógeno almacenado en los músculos activos suministra casi toda la energía durante el periodo de transición entre el estado de reposo y la iniciación del ejercicio submáximo, similar a lo que ocurre durante el ejercicio intenso donde el glucógeno hepático y muscular suministra entre un 40-50% de la energía total utilizada, siendo el resto de la energía obtenida a partir del catabolismo de las grasas, con una pequeña contribución por parte de las proteínas y a pesar de esta utilización lipídica porcentualmente incrementada para la obtención de energía, en algún momento el hígado no podrá mantener un ritmo de liberación de glucosa que pueda satisfacer las demandas de los músculos activos (y de otros tejidos, como el sistema nervioso), lo cual provocaría una disminución de la concentración de glucosa plasmática. 

De ahí la importancia de la consideración de los hidratos de carbono a la hora de toma de decisiones para la creación y estructuración de un plan de alimentación, puesto que su disponibilidad ayuda a regular su utilización para la generación de energía durante el entrenamiento. Un consumo adecuado de hidratos de carbono ayuda a conservar la proteína de los diferentes tejidos ya que los ayunos prologados y las dietas destinadas a la reducción de peso corporal, pobres en hidratos de carbono, inducirían una reducción de los agentes anapletóricos del Ciclo de Krebs, lo cual podría tener un impacto negativo sobre la utilización de lípidos. Además, en ausencia de hidratos de carbono, la utilización de proteínas, como fuente energética y anapletórica, podría verse incrementada y por lo tanto la reducción del peso corporal podría darse a expensas de una reducción de la masa magra y grasa en términos de 50% y 50%, respectivamente, lo cual ocurriría en situación de ayuno (Nieman, D.C., 1998). 

El primer punto que se debe considerar en la alimentación diaria de individuos con orientación al ejercicio son las recomendaciones de una dieta saludable (porcentajes e interacción entre nutrientes), siendo los hidratos de carbono el principal componente, generando énfasis en el consumo máximo recomendado para hidratos de carbono de bajo índice glucémico, junto a una adecuada ingesta de vitaminas, minerales y fibra; para mantener un desempeño físico apropiado y una recuperación optima posterior al ejercicio y así reducir los estragos del entrenamiento y la competencia.

Conclusión.

La disponibilidad y utilización de los hidratos de carbono como sustrato energético para los músculos y el sistema nervioso central es un factor determinante para el desempeño físico durante el ejercicio (prolongado, submaximo o intermitente y alta intensidad). Los depósitos de hidratos de carbono son limitados, por lo que una adecuada estrategia nutricional es esencial para el deportista, medidas para el consumo, antes y durante, en los periodos de recuperación entre sesiones de entrenamiento o competencia y posteriores a estos son de gran importancia para mantener o mejorar la forma física, puesto que reducen o retrasan la fatiga y mejoran de forma considerable el rendimiento deportivo.

Bibliografía

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  • Wilmore, J. y D. Costll, (2004). Fisiología del esfuerzo y el deporte. Barcelona, Paidotribo, 5° edición.

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